Y Béjar reinventó su potencial textil

La empresa Fibras Textiles Sánchez se especializa en la fabricación de mascarillas por la pandemia y ya produce un millón al día

Alberto Sánchez, CEO de la empresa textil bejarana

En biología, las especies que mejor se adaptan a los cambios son las que sobreviven. En el mundo de la economía, las empresas versátiles capaces de responder a las demandas mutantes del mercado, también. Como una selección natural que siguiera los postulados de Darwin. En la localidad salmantina de Béjar, con una secular tradición textil que apenas pervive de forma testimonial con media docena de negocios del sector, la llegada de la pandemia, con la imperiosa necesidad de disponer de mascarillas, ha trastocado los esquemas de la producción habitual para reorientarse hacia esta exigencia. Un ejemplo muy ilustrativo de la «resiliencia» se encuentra en Fibras Textiles Sánchez, firma surgida hace 25 años dedicada a la fabricación de almohadas y otros elementos de descanso, tercera generación en el oficio de tejer y zurcir, que en cuestión de meses ha sabido «resetear» su modelo hacia Mascarillas Béjar, una industria que hoy produce un millón de mascarillas al día tras la apuesta exitosa emprendida por sus propietarios.

Donde antes había seis operarios ahora trabajan más de cincuenta. Los bienes producidos hasta febrero se dirigían mayoritariamente al mercado nacional, pero ahora, gracias a acuerdos de colaboración, la venta se abre a otros países. Alberto Sánchez, joven e inquieto CEO de Mascarillas Béjar, reparó al comienzo del confinamiento en que solo la transformación de su actividad «era la clave para resistir a una crisis desconocida hasta las fechas, que exigía decisiones radicales y arriesgadas, como comprar una máquina para fabricar las mascarillas en la segunda quincena de marzo, importada de Asia, sin la certeza de que llegara a España y supiéramos montarla». Aquella audaz apuesta salió bien, pues logró fabricar 10.000 unidades al día, hasta el extremo de llegar luego otras seis máquinas similares. Un paradigma de reinvención industrial poco habitual en España.

«Lo hicimos -explica Sánchez- asumiendo los riesgos y con una capacidad de trabajo fuera de lo normal, conscientes de la grave situación de necesidad por la crisis. Nos apoyamos en nuestro partner, ICW, al que participamos desde el primer momento de la falta de material sanitario y de protección frente al Covid-19. Esa percepción nos permitió dar el giro absoluto, para reorientar nuestra fuerza productiva en este sentido. Hoy podemos afirmar que esta empresa española fabrica al mes 30 millones de mascarillas quirúrgicas de la máxima calidad, con total garantía». Un primer planteamiento por arrimar el hombro, en las semanas más espantosas de la primavera, que ha cuajado en un negocio en expansión, «porque nos lanzamos con ánimo de ayudar, y luego nos dimos cuenta que era necesario crear una industria sólida en torno a productos sanitarios de primera necesidad».

La propia crisis de salud pública derivada de la pandemia se vio agravada por la falta de material básico sanitario, una circunstancia originada por la ausencia de un tejido industrial en España capaz de atender, aunque fuera temporalmente y de forma excepcional, una demanda de artículos como las mascarillas, esenciales para protegerse del contagio. «Los ciudadanos fueron conscientes de ello, pero no así las administraciones ni algunas empresas, a las que les da igual apoyar a la industria nacional. En España se han vendido más de 50 millones de mascarillas chinas traídas por otras 50 distribuidoras, que han usado certificados falsos, cuando la diferencia de precio con una de las nuestras es de 0,04 euros», explica indignado el directivo.

La mejor alianza estratégica

Al respecto, Alberto Sánchez recuerda que una empresa de nuestro país con más 500 trabajadores, recientemente, se interesó por un pedido de 11 millones de mascarillas, «que al final han comprado en el mercado asiático cuando reconocen que son mejores las nuestras. Todo por ahorrarse 55.000 euros. Esto solo pasa aquí. En Europa hay otros límites morales, se protege de otra manera a los empleados». También hace constar una queja similar respecto a la materia prima con la que se fabrican las mascarillas, procedente de China y Turquía. «Hemos dedicado cuatro meses a negociar el concurso de una de las firmas más potentes del mundo en este tipo de materiales, que además es española. Si se consigue lograríamos la mejor alianza estratégica posible en nuestras previsiones de crecimiento. Sería el proyecto más potentes de fabricación de mascarillas de Europa».

Como todos los ciudadanos, en la compañía de Béjar querrían que el Covid-19 desapareciera cuanto antes, pero hasta que llegue ese día su propósito es especializarse en este artículo y poder ser una garantía frente al mercado chino. De hecho, hay venta por internet. Sus referencias se amplían también con la fabricación de guantes, la última incorporación de esta singular aventura emprendedora, y prevén alcanzar una plantilla de cien trabajadores. Además, el completo sistema sanitario de España, desde hospitales a los centros de salud de la atención básica, las clínicas dentales y otros centros privados, seguirán demandando mascarillas una vez que desaparezca la pandemia. «Si continuamos trabajando con calidad y precio, lograremos hacernos un hueco en el mercado», concluye el CEO.

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