Mascarillas Béjar, un ejemplo de reconversión de la industria textil en medio de una pandemia

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La empresa salmantina Textiles Sánchez ha dejado la confección de fundas para almohadas, ha ampliado su plantilla y apuesta por elaborar, cada día, un millón de mascarillas ‘Made in Spain

Hay zonas de España que, por su tradición, han estado siempre ligadas a una determinada actividad. Generación tras generación, los habitantes de esos territorios han ido perfeccionando la técnica y se han dedicado a esa actividad industrial. La siderurgia vasca, la minería asturiana y leonesa, el calzado ilicitano… o la industria textil de Béjar.

Esta localidad salmantina, de poco más de 12.700 habitantes, lleva impresa en su identidad la tradición de la industria textil. Desde hace siglos, los bejaranos se han dedicado a ello, convirtiéndose en uno de los principales motores de esta industria en nuestro país. Su crecimiento fue espectacular, pero durante el paso de las décadas han sabido también reinventarse y sobreponerse a los vaivenes del mercado, la competencia o los malas comunicaciones que dificultaban la exportación. Y ahora, en pleno siglo XXI, la ya tocada industria textil bejarana se ha encontrado de golpe con una nueva realidad, una pandemia, que ha paralizado por completo ya no solo una región o un país, sino el mundo entero.

Ante esta situación, con un confinamiento total y la economía paralizada, Alberto Sánchez ha sacado ese carácter de superación y emprendimiento bejarano y ha decidido reconvertir la actividad de la empresa familiar que preside, Fibras Textiles Sánchez. Con el decreto del estado de alarma su actividad habitual, la confección de colchones y fundas de almohadas, quedó paralizada y la situación de su empresa y, sobre todo, de sus seis trabajadores auguraba un futuro incierto. Mientras tanto, los contagios crecían y en los hospitales escaseaban las mascarillas entre el profesional sanitario. En España apenas se producían mascarillas, se importaban desde China y el mercado estaba colapsado a nivel mundial. Con este escenario, Alberto no podía quedarse de brazos cruzados.

Made in Salamanca

Aunque el escenario no era óptimo, Alberto Sánchez decidió arriesgar y emprender. Era el momento de traer a España la fabricación del material sanitario y qué mejor que Béjar para hacerlo, ya que en la localidad salmantina, prácticamente, no hay familia que no haya estado ligada a la industria textil. Con la idea, las ganas y la mano de obra, ya sólo faltaba lo más complicado: sortear las trabas burocráticas y conseguir los materiales.

Después de hacer un gran sondeo de mercado, la maquinaria necesaria para producir mascarillas sólo se fabricaba en China. Con las fronteras cerradas y los precios al alza, el emprendedor bejarano consiguió hacerse con una de ellas, pero cuando llegó a España, desde el país asiático no habían enviado el material necesario para fabricar las mascarillas: la celulosa. China había prohibido su exportación. La única empresa española que fabricaba ese material se encontraba cerrada y en concurso de acreedores desde hacía unos meses, pero Sánchez no tiró la toalla y consiguió, tras una semana de llamadas constantes, traer material suficiente desde Israel, Egipto, Polonia y Turquía.

Y junto a las escasez de materiales, llegaron las trabas burocráticas y las retenciones en las aduanas españolas. Con un país completamente paralizado, “tramitar expedientes, auditorías o conseguir las licencias sanitarias se ralentizó”, explican desde la compañía. “Los bancos estaban cerrados, desde las administraciones no conseguíamos los permisos necesarios porque no podían trabajar de forma telemática…”, añaden. Pero, finalmente, han conseguido poner en marcha la maquinaria para llegar a fabricar “hasta 5.000 mascarillas cada hora”, explica Alberto Sánchez, su director. Unas mascarillas que ya se comercializan en nuestro país bajo la firma Mascarillas Béjar y que en cuestión de días se han viralizado en redes sociales y WhatsApp.

La pandemia, oportunidad de reconversión

Tras una importante inversión en material y maquinaria, la mano de obra no ha faltado, ya que Béjar en un pueblo eminentemente textil. Han tenido que adaptarse a nuevas técnicas y a procedimientos de trabajo más seguros y esterilizados, ya que todos los empleados trabajan con EPIs completos y la línea de producción está en un entorno aislado. “Al principio los empleados se han tenido que formar, pero la mano de obra ya estaba. Ahora ya estamos elaborando sin problemas mascarillas quirúrgicas de nivel 2 con máxima filtración”, reconoce Sánchez. Con la reconversión, Fibras Textiles Sánchez no sólo ha conseguido evitar el ERTE tras paralizar la producción de almohadas, sino que además de mantener a los seis empleados fijos ha creado otros 24 puestos de trabajo.

Sánchez encara el futuro con la ilusión de reactivar en la zona una industria de larga tradición y conseguir abastecer a los españoles con material sanitario fabricado en España. “No podemos depender de otros países al 100%, por lo menos Europa no se lo puede permitir, y esta crisis sanitaria grave lo ha demostrado”, sentencia. Por eso, poco a poco piensa aumentar la producción, hasta conseguir tener seis máquinas activas, llegando a hacer turnos de 24 horas, los siete días a la semana, para llegar a elaborar el millón de mascarillas diario, hasta 30 millones al mes. Y a la espera de que llegue una nueva máquina, en breve comenzarán con la fabricación de mascarillas FPP2, de alta protección.

Unas mascarillas más necesarias que nunca, no solo entre el personal sanitario, sino para la población en general. Han llegado para quedarse, al menos durante un tiempo. Por eso, en Mascarillas Béjar han decidido poner en marcha una línea de diseño y marca con firmas españolas e internacionales. La idea es comercializar mascarillas, completamente seguras y eficaces, con diseños exclusivos gracias a la impresión en cuatricomía sobre la última capa textil de la mascarilla. Para ello contarán con los mejores diseñadores de moda nacionales e internacionales, con los que ya han iniciado contactos.

De momento, Béjar ya ha conseguido dar un pequeño impulso a parte de esa industria textil. Por delante quedan meses de trabajo y la idea de diversificar la producción con otros tipos de mascarillas e incluso guantes. Y una vez que se abran las fronteras, comenzará la exportación a distintos países europeos con los que ya están empezando a cerrar acuerdos. Fibras Textiles Sánchez es un ejemplo de reconversión que, quien sabe, si marcará el camino de otras empresas de la zona y recuperar así ese músculo a las orillas del río Cuerpo de hombre, donde hace 50 años se sucedían hasta 100 empresas textiles. Una reconversión necesaria para afrontar los nuevos retos que surgen tras la crisis de la COVID-19.

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